
Sería perfecto ser un humano evaporado tras los punteros luminosos de tu cámara digital. Caminar por las calles robando momentos sin miedo a que te sorprendan detrás de tu objetivo. Inmortalizar un tiempo y un espacio, una banalidad cualquiera, un gesto espontáneo, un caminar que batalla contra el reloj, o el peso de unos pasos que se conforman con sobrellevar un nuevo día en esta isla de duro asfalto, de altas expectativas y moderadas o indecentes recompensas, según y con quien tropieces.
Así me pierdo estos días, detrás de un objetivo y sin más objetivo que los que caminan ahí fuera, en la realidad al otro lado de mi cámara. Una realidad a la que me gusta imaginar que no pertenezco, a la que observo como si fuera un enviado especial a una misión con billete de vuelta a Marte... nada más lejos de la ‘realidad’. Me mezclo con ella y a veces hasta consigo ver ángulos, luces, colores derramados sin querer en la composición casual de un rincón. Lo inerte sorprende o pasa desapercibido, pero lo que conmueve es otra cosa. Son las caras, los gestos, sonrisas perdidas pertenecientes al territorio del delirio o miradas cuya profundidad esconde sin duda historias menos fáciles y felices que las que muestran los anuncios. Imágenes de personas a las que me gustaría guardar en mi galería de vidas imaginadas revelándose tras el gesto de un milisegundo.
Esas, raras veces las capto. Tras la sencillez de apretar un botón, los matices para alcanzar aquello que perciben tus ojos son tan infinitos que el abatimiento asoma cuando en casa ves el resultado a pantalla completa. Nada de lo que viste está ahí, se quedó formando parte de la escena que te pareció de repente reveladora, perfecta, expresiva y llena de contenido, pero que se perdió no sabes muy bien y otra vez por qué. Se quedó en tu deseo de volver a captar otra foto que no fue, pero que esperas arrancar mañana de esa realidad que esta ahí para que la atrapes y para hablarte desde su delirio, desde su belleza, desde su glamour o su miseria, su pasión o su tedio, para hablarte con imágenes. Aquellas imágenes que a veces pierde mi objetivo, pero nunca mi mirada.


