En el empeño de dignificar al máximo tan benerada fecha, se alían incluso los comercios o los restaurantes, que por una vez cierran sus puertas cuando aún es de día. Hoy y mañana se ultiman las últimas compras para la mesa y se alimenta no sólo el apetito carnívoro sino el estrés de preparar una cena como dios manda, sobre todo en una ciudad como Nueva York donde casi nadie cocina. Esto genera sin duda una especie de ansiedad gastronómica que poco tiene que ver con el apetito sino más con los preliminares de tener todo listo para preparar el relleno del pavo, las salsas que lo complementen, verduras, sweet potatos, aperitivos varios y un broche final coronado por el tradicional 'Pumkin pie' o pastel de calabaza. Comida, comida y más comida, esta vez con la insólita responsabilidad sobre todo en esta urbe, de ser preparada de forma casera. La falta de costumbre y el ritmo siempre repleto de obligaciones de esta ciudad, sin duda aviva las prisas del último minuto por tener todo listo para una celebración cuyo significado va más allá del sentimiento familiar.
Thanksgiving no sólo marca un punto de encuentro, una reunión esperada por todos aromatizada por los fogones de la cocina. Thanksgiving marca el pistoletazo de salida para la siguiente gran celebración. Y es que cuando el último jueves de noviembre toque a su fin, los comercios que ese día cerraron de forma extraordinaria a las 3 o las 4 de la tarde, estarán listos para comenzar la carrera por aprovechar uno de los periodos más fructíferos en ventas del todo el año. Las Navidades no llegarán hasta dentro de un mes, pero aquí los puestos callejeros, la pista de hielo de Central Park, Bryan Park o el Roquefeller Center, están funcionando desde hace días. Oficialmente la temporada de compras navideñas se inicia tras el Día de Acción de Gracias y aunque no hay día del año en que aquí no encuentres un reclamo para salir y consumir, en el subconsciente colectivo la regla funciona tan bien que seguro la actividad comercial comienza a despuntar con fuerza después del día del pavo, este año seguro con más recato. Habrá que ver qué estrategias emplean los grandes publicistas para lograr desviar la atención del miedo mediático por la amenazante recesión económica y transformarlo en una 'gratificante experiencia sensorial y personal bla, bla, bla' que consiga que la gente siga soltando dinero del bolsillo cuando muchos comienzan a darse cuenta de que en realidad, es mucho lo que no se necesita y muchas razones por las que no gastar. Intuyo que la euforia navideña será la última inyección de optimismo contenido antes entrar en una oscura cuesta de enero que todo el mundo teme este año más que nunca y razón por la cual vamos a disfrutar del pavo por si en adelante no podemos comer más que sopita delante de la televisión. Happy Thanksgiving.




