jueves, 2 de abril de 2009

Coney Island entre tinieblas

Hoy estuve en Coney Island, o el esperpético retrato de la degradación de lo que un día fue un parque de atracciones junto a la playa y hoy no es más que un destartalado escenario donde algunos puestos todavía rezuman olor a grasa e individuos de dudosa condición pasean por el muelle. Para dar aún más dramatismo a la escena, una niebla intensa fue avanzando como un tsunami silencioso del interior del mar hasta el paseo, tragandose poco a poco los puestos de helados, los de perritos calientes y posteriormente su famosa noria y su desvencijada montaña rusa.

No se cómo es Coney Island en verano, pero cuesta creer que nada de todo aquello aún está funcionando, aunque detrás de las barras de los chiringuitos de turno, se ve a algún hispano cacharreando en la cocina. Las atracciones están paradas y tras un cartel que reza 'Hit the freak', no quedan hoy más que escombros y un espacio vacío entre un puesto de bebidas y otro de rancios souvenirs que supongo sobrevive a duras penas.

Una hora desde Manhattan en el lentísimo tren D para llegar a un lugar casi fantasmagórico hoy. De vuelta, en el vagón el traquetreo y el sol pegando en la ventaja junto a mi asiento, he adormecen y medio en sueños, casi siento como que todo ha sido una escena irreal, un sueño extraño, la escena de una película que escarba en las ruinas de un pasado 'glorioso' del que ya no queda más que el nombre.

1 comentario:

María Isabel dijo...

Ideal para una película de "losers", esa gente que prefiere no existir. Inquieta bastante lo que dices de Coney Island.