sábado, 28 de agosto de 2010
Nueva York, como la primera vez....
Siempre me entristece pensar en mi entusiasmo domesticado por el tiempo, por la sucesión de imágenes repetidas y por la batalla diaria contra los sinsabores cotidianos que no afectan a los visitantes, pero sí a los residentes.
Estoy a unas horas de recibir la visita de mi hermana y su novio. Con ellos viene alguien más que nunca a visto la ciudad en directo, con sus olores y sus vibrante actividad, con su mezcla de moderno y cochambroso, de jóvenes llenos de ambición y de sueños mezclados con gentes de mediana edad cansados de un ritmo trepidante que ya no es tan excitante cuando los años pasan. La ciudad con el colorido de sus calles, llenas de ojos rasgados, pieles coloreadas en todas sus gamas, indumentarias tan rocambolescas como completamente ancladas en lo más profundo de las tradiciones. La ciudad de las mil lenguas, los mil colores y los mil sabores. Un fascinante mundo en pequeñito donde en el mismo restaurante donde desayuna Susan Sarandon, quien friega los platos al fondo de la cocina llegó un día de Indonesia, pero puede hablar mejor que yo del Tratado de Tordesillas. ¿Quién de los dos tiene una historia más fascinante detrás?, no sabría decir.
En definitiva, la ciudad que no deja de sorprenderme aunque no sea con la misma intensidad que cuando llegué, se mostrará en unas horas tan majestuosa como caótica, tan fascinante como agobiante ante un nuevo par de ojos que ójala brillen como los de un niño la mañana de reyes. Porque en definitiva ¿qué es Nueva York si no un regalo para la mente y para los sentidos de todo el que decide perderse por su multiplicidad infitita?.
sábado, 21 de agosto de 2010
De fuentes para perros y otros privilegios cotidianos
Hasta ahí todo normal si no fuera porque mientras que tú bebes agua, tu perro puede hacer lo propio en su fuente para perros. No es que me sorprendiese, en un lugar donde si dices que no te gustan los perros te miran como si hubieses matado a alguien, es sólo que me pareció una prueba más de lo loco que está este mundo.

No tengo nada en contra de que los pobres perros beban agua, pero mientras en Hoboken tu mascota se refresca y al otro lado del río, se celebra la Pet´s Fashion Week de Nueva York (sí, has leído bien, la semana de la moda para mascotas. Lo siento, !eso sí que tiene delito!), resulta que leo que casi 1000 millones de personas en el mundo carecen de acceso a agua potable limpia y sana. En países en vías de desarrollo enfermedades transmitidas por el agua, provocan la muerte de 5 millones de personas al año y de una media de 6.000 niños al día.

Una vez más puedes haber nacido perro en Hoboken, o niño en digamos... Sudán y qué diferente puede ser tu historia. Yo que me considero privilegiada, no pertenezco ni a uno ni a otro lugar. Nací en Madrid donde ya no quedan fuentes ni muchas otras cosas, y ahora tengo la gran suerte aunque sólo sea por la experiencia, de vivir Estados Unidos. Desde aquí más y más me doy cuenta de lo privilegiados que son muchos de los ciudadanos de este país (por no hablar de sus mascotas). Cada día me pregunto en qué medida son conscientes de ello.

