sábado, 21 de agosto de 2010

De fuentes para perros y otros privilegios cotidianos

En Madrid hace muchos, muchos años que las fuentes no forman parte del mobiliario urbano. No voy a entrar en el por qué cuando tienes sed ya no hay forma de echar un trago sin echar primero mano al bolsillo. La cuestión es que hoy, montando en bicicleta por el impoluto, mega pijo y extremadamente blanco Hoboken (pueblo en el que creció Frank Sinatra cuando no querías perderte por sus calles a la caía de la luz), voy y me encuentro una fuente.

Hasta ahí todo normal si no fuera porque mientras que tú bebes agua, tu perro puede hacer lo propio en su fuente para perros. No es que me sorprendiese, en un lugar donde si dices que no te gustan los perros te miran como si hubieses matado a alguien, es sólo que me pareció una prueba más de lo loco que está este mundo.




No tengo nada en contra de que los pobres perros beban agua, pero mientras en Hoboken tu mascota se refresca y al otro lado del río, se celebra la Pet´s Fashion Week de Nueva York (sí, has leído bien, la semana de la moda para mascotas. Lo siento, !eso sí que tiene delito!), resulta que leo que casi 1000 millones de personas en el mundo carecen de acceso a agua potable limpia y sana. En países en vías de desarrollo enfermedades transmitidas por el agua, provocan la muerte de 5 millones de personas al año y de una media de 6.000 niños al día.

Una vez más puedes haber nacido perro en Hoboken, o niño en digamos... Sudán y qué diferente puede ser tu historia. Yo que me considero privilegiada, no pertenezco ni a uno ni a otro lugar. Nací en Madrid donde ya no quedan fuentes ni muchas otras cosas, y ahora tengo la gran suerte aunque sólo sea por la experiencia, de vivir Estados Unidos. Desde aquí más y más me doy cuenta de lo privilegiados que son muchos de los ciudadanos de este país (por no hablar de sus mascotas). Cada día me pregunto en qué medida son conscientes de ello.

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