sábado, 28 de agosto de 2010

Nueva York, como la primera vez....

Mencionaba Antonio Muñoz Molina en su libro 'Ventanas de Manhattan' lo especial de redescubrir la ciudad a través de los ojos de quien desembarca en esta jungla de sensaciones por primera vez.

Siempre me entristece pensar en mi entusiasmo domesticado por el tiempo, por la sucesión de imágenes repetidas y por la batalla diaria contra los sinsabores cotidianos que no afectan a los visitantes, pero sí a los residentes.

Estoy a unas horas de recibir la visita de mi hermana y su novio. Con ellos viene alguien más que nunca a visto la ciudad en directo, con sus olores y sus vibrante actividad, con su mezcla de moderno y cochambroso, de jóvenes llenos de ambición y de sueños mezclados con gentes de mediana edad cansados de un ritmo trepidante que ya no es tan excitante cuando los años pasan. La ciudad con el colorido de sus calles, llenas de ojos rasgados, pieles coloreadas en todas sus gamas, indumentarias tan rocambolescas como completamente ancladas en lo más profundo de las tradiciones. La ciudad de las mil lenguas, los mil colores y los mil sabores. Un fascinante mundo en pequeñito donde en el mismo restaurante donde desayuna Susan Sarandon, quien friega los platos al fondo de la cocina llegó un día de Indonesia, pero puede hablar mejor que yo del Tratado de Tordesillas. ¿Quién de los dos tiene una historia más fascinante detrás?, no sabría decir.

En definitiva, la ciudad que no deja de sorprenderme aunque no sea con la misma intensidad que cuando llegué, se mostrará en unas horas tan majestuosa como caótica, tan fascinante como agobiante ante un nuevo par de ojos que ójala brillen como los de un niño la mañana de reyes. Porque en definitiva ¿qué es Nueva York si no un regalo para la mente y para los sentidos de todo el que decide perderse por su multiplicidad infitita?.

2 comentarios:

Isa dijo...

Maravillosa descripción, Elena :-)
Nunca sientes lo mismo que cuando la ves por primera vez... esa sensación que no olvidaré nunca. Estar en Nueva York es siempre sorprendente y a la vez cotidiano, como vivir inmerso en una secuencia cinematográfica.

recortesfromnyc dijo...

Cierto Isa. Me gusta lo de sorprendente y cotidiano. Me pregunto cómo sería el impacto sin toda esa literatura visual que nos han vendido las películas y las series de la tele. Quizás diferente, pero siempre sorprendente ;)