Tres días en Block Island han sido uno de esos bálsamos casi imprescindibles para sobrevevir al ritmo de la ciudad. Cómo en toda gran urbe de repente encuentras que lo que fascina a turistas y recién llegados, es lo que quieres perder de vista aunque sea sólo por unos días. Así puse rumbo al norte de la excitante/extenuante Gran Manzana llegando al estado de Rhode Island (al parecer, el más pequeños de todo Estados Unidos). Desde allí, 55 minutos en ferry adentrándonos en el Océano Atlántico me separaban de mi otra isla. La isla donde las comparaciones se convirtieron en un juego de contrarios del que era imposible escapar (eso sí, he de reseñar, en temporada baja). Así cambié...
>> El autobús y el metro en hora punta por la bicicleta en serpenteantes carreteras y caminos donde ráramente te cruzabas con un coche.
>> El sonido de las ambulancias y de los coches de bomberos, por la intermitencia permanente que en la lejanía avisa a los barcos cuando están aproximándose a la costa.
>> El murmullo constante del tráfico nocturno, por un ensordecedor concierto de grillos y demás insectos colándose por la ventana y compitiendo con el vaivén del mar.
>> El perfil de una isla llena de rascacielos por casas aquí y allá salpicando laderas y asomándose al mar desde lo alto de los acantilados.
>> El paso siempre rápido de los incansables oficinistas por las calles de Midtown, por el ritmo sin reloj de los locales de una isla donde los "deadlines" son cosas de películas.
>> Cambié el sandwich delante del ordenador por una fuente de mejillones frescos, mermelada de tomate casera y cerveza elaborada con clavo y canela.
>> Cambié el ritmo frenético de la gran ciudad por el paso pausado y delicioso de otras formas de vivir.
¿Quién se atreve a juzgar quién vive mejor? ¿Podría alguien acostumbrado a la Gran Manzana o a cualquier otra gran ciudad, vivir un año entero en una pequeña isla en el Atlántico? ¿Y viceversa?


1 comentario:
Elena... no te había leído nunca. Imperdonable!
me ha encantado tu post... creo que no sería capaz de vivir en un remanso de tranquilidad y paz como el que describes, pero me parece un lugar ideal para escaparse cuando se necesario... toda una suerte tenerlo cerca :-)
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