jueves, 2 de abril de 2009

Coney Island entre tinieblas

Hoy estuve en Coney Island, o el esperpético retrato de la degradación de lo que un día fue un parque de atracciones junto a la playa y hoy no es más que un destartalado escenario donde algunos puestos todavía rezuman olor a grasa e individuos de dudosa condición pasean por el muelle. Para dar aún más dramatismo a la escena, una niebla intensa fue avanzando como un tsunami silencioso del interior del mar hasta el paseo, tragandose poco a poco los puestos de helados, los de perritos calientes y posteriormente su famosa noria y su desvencijada montaña rusa.

No se cómo es Coney Island en verano, pero cuesta creer que nada de todo aquello aún está funcionando, aunque detrás de las barras de los chiringuitos de turno, se ve a algún hispano cacharreando en la cocina. Las atracciones están paradas y tras un cartel que reza 'Hit the freak', no quedan hoy más que escombros y un espacio vacío entre un puesto de bebidas y otro de rancios souvenirs que supongo sobrevive a duras penas.

Una hora desde Manhattan en el lentísimo tren D para llegar a un lugar casi fantasmagórico hoy. De vuelta, en el vagón el traquetreo y el sol pegando en la ventaja junto a mi asiento, he adormecen y medio en sueños, casi siento como que todo ha sido una escena irreal, un sueño extraño, la escena de una película que escarba en las ruinas de un pasado 'glorioso' del que ya no queda más que el nombre.

martes, 13 de enero de 2009

Un café con dos tazas...

Yo diría que cuando en Manhattan hay quien pide un café y dos tazas para compartir, las cosas están peor que mal.

Enero ha aterrizado según lo esperado, implacable, duro, frío con una sensación de incertidumbre y miedo que hace temblar más que el gélido viento que se desliza por las avenidas de la ciudad de los sueños, hoy un poco más vacía por la falta de turistas.

En estos días la gente camina por las calles con la cabeza baja, mirando de reojo restaurantes que si no vacíos, representan una inusual estampa a la hora de comer o cenar. En una ciudad donde nadie cocina me pregunto si la sección de libros de recetas de las librerías está repuntado sus ventas. Parece que más de uno está aprendiendo a darle a la sartén para poder preparar la cena en casa tras el café con dos tazas que compartió un poco antes, en un intento de pretender que nada sucede y que aún se sale. En estos días se sale sí, pero apenas se gasta.

El paro está llegando en este país casi al 7%, cifra insólita donde las haya aunque en otras latitudes estemos acostumbrados incluso a números más hirientes. Los que tienen trabajo se agarran a él con uñas y dientes y como es costumbre, los de arriba, aprovechan para apretar tuercas a sabiendas que nadie va a decir ni pío con la que está cayendo.

Es enero en Nueva York, la crisis lacerante sigue afilando la cuchilla y mientras todo el mundo contiene la respiración y trata de sobrevivir a lo que se está viendo encima desde hace tiempo, nieva fuera. Es hora para una nueva película, bajada de internet claro, y un buen cuenco de palomitas.

lunes, 12 de enero de 2009

6 ene_09 / Madrid vs NY

Es seis de enero y creo que estoy sobrevolando Canadá, una inmensidad desde el cielo inhóspita y cubierta de nieve y hielo. Parecen adivinarse minúsculas agrupaciones de casas a lo lejos, cercanas a carreteras infinitas que se pierden en el horizonte.

Pronto un giro al sur-este y me aproximaré de nuevo a NY, donde la concentración alcanza su grado superlativo en la isla de Manhattan. Apartamentos en hileras ascendentes, tráfico y más tráfico arriba y abajo por las avenidas, sueños, decepciones, trabajo, empeño y gentes de todo el mundo compartiendo el reducido espacio de un vagón de metro y sus aspiraciones de conseguir tocar el cielo, no sin el esfuerzo imponderable de sobrevivir aquí, en el suelo. En ese asfalto duro acostumbrado al paso firme de casi todos los que por aquí caminan.

A todo esto regreso de España, de mi Madrid de sentimientos encontrados y escenarios que pertenecerán siempre a mi memoria a pesar de la distancia. Madrid lleno de críticos con el sistema americano y cada vez más atrapados por su promesa de la felicidad material, por la victoria de conseguir más metros cuadrados mudándose cada vez más a la afueras, atrapados por el inquietante devenir de conductores casi zombis los fines de semana hacia las grandes zonas comerciales.

Madrid también sigue siendo el jaleo, el bullicio en los bares, el gentío del centro, las barritas con tomate y las luces de Navidad. Madrid continúa siendo benévolo con el humo de los cigarrillos, tan molesto cuando vienes de lugares donde es suficiente con respirar el humo de los coches y los restaurantes y cafés te dan un respiro.

Madrid sigue siendo el barrio en que crecí, donde veo como muchos han prolongado su estancia estableciendo un compromiso de futuro. Un barrio salpicado de caras que ahora empujan carritos de niños hacia el piso que han comprado en algunos casos cerca de casa de los abuelos.

Madrid sigue siendo un lugar donde disfrutar de forma gratuita de un montón de arte, algo que adoro. Museos, fundaciones, galerías envolviendo la ciudad de múltiples opciones a coste cero. Algo que escasea por este lado del Atlántico.

Pero Madrid sigue siendo sin duda, por delante de todo lo demás, mi familia, que cada vez me llena los ojos de lágrimas con su generosidad, sencillez y amor incondicional, que no espera nada a cambio. Madrid son los amigos que aún no he conseguido hacer aquí, aquellos que un 26 de diciembre cancelaron compromisos para estar conmigo. Aquellos que vinieron de lejos y echaron una hora en aparcar en el centro, a los que dejaron a sus peques al cuidado de otros, a los que después de un largo viaje en tren encontraron una motivación para venir a sorprenderme, a todos los que rebuscaron en las fotos del pasado…

Gracias mil a todos por hacer posible una noche que los más ricos de Manhattan no tendrían dinero para pagar. Me siento más rica que todos ellos. Gracias también a los que no estuvieron allí ese viernes pero que siguen ahí y cómo no gracias a mi compañero de viajes, a mi compañero en la vida, a mi otro lado. Ese que con paciencia infinita soportó mis idas, mis venidas, mis no se cuántos compromisos diarios, las múltiples presentaciones…

Fueron unos días locos pero sin duda un auténtico placer. Me traigo mucho de allí para seguir tirando aquí. Gracias a todos por lo que me dais, a veces no se si lo merezco.

Besos y lo mejor para el 2009

martes, 25 de noviembre de 2008

Pavo, Navidad a la vista y miedo contenido

Probablemente Thanksgiving es es la fiesta con más significado a este lado del Atlántico en esa amplia, tantas veces magnificada y tantas otras sobrevalorada tierra llamada Norte América. Estos días se vuela de punta a punta del país avivándose el sentimiento familiar que los españoles tenemos tan arraigado y que por aquí parece vivirse de otra forma. Thankgiving es sinónimo de una gran fiesta alrededor de la mesa y en ella no puede faltar el célebre pavo para el que un horno a la altura de las circunstacias, es absolútamente imprescindible. En un país donde todo es grande, tienes suerte si encuentras uno de menos de seis kilos en el que emplear a fondo tus habilidades culinarias. Desde el New York Times con su especial de recetas para triunfar como anfitriones, hasta el despliegue de todo tipo de detalles en las estanterías del Whole Foods junto a las neveras donde los pavos se ofertan con generosidad de peso (que no de precio), todo está casi listo para el gran día.

En el empeño de dignificar al máximo tan benerada fecha, se alían incluso los comercios o los restaurantes, que por una vez cierran sus puertas cuando aún es de día. Hoy y mañana se ultiman las últimas compras para la mesa y se alimenta no sólo el apetito carnívoro sino el estrés de preparar una cena como dios manda, sobre todo en una ciudad como Nueva York donde casi nadie cocina. Esto genera sin duda una especie de ansiedad gastronómica que poco tiene que ver con el apetito sino más con los preliminares de tener todo listo para preparar el relleno del pavo, las salsas que lo complementen, verduras, sweet potatos, aperitivos varios y un broche final coronado por el tradicional 'Pumkin pie' o pastel de calabaza. Comida, comida y más comida, esta vez con la insólita responsabilidad sobre todo en esta urbe, de ser preparada de forma casera. La falta de costumbre y el ritmo siempre repleto de obligaciones de esta ciudad, sin duda aviva las prisas del último minuto por tener todo listo para una celebración cuyo significado va más allá del sentimiento familiar.

Thanksgiving no sólo marca un punto de encuentro, una reunión esperada por todos aromatizada por los fogones de la cocina. Thanksgiving marca el pistoletazo de salida para la siguiente gran celebración. Y es que cuando el último jueves de noviembre toque a su fin, los comercios que ese día cerraron de forma extraordinaria a las 3 o las 4 de la tarde, estarán listos para comenzar la carrera por aprovechar uno de los periodos más fructíferos en ventas del todo el año. Las Navidades no llegarán hasta dentro de un mes, pero aquí los puestos callejeros, la pista de hielo de Central Park, Bryan Park o el Roquefeller Center, están funcionando desde hace días. Oficialmente la temporada de compras navideñas se inicia tras el Día de Acción de Gracias y aunque no hay día del año en que aquí no encuentres un reclamo para salir y consumir, en el subconsciente colectivo la regla funciona tan bien que seguro la actividad comercial comienza a despuntar con fuerza después del día del pavo, este año seguro con más recato. Habrá que ver qué estrategias emplean los grandes publicistas para lograr desviar la atención del miedo mediático por la amenazante recesión económica y transformarlo en una 'gratificante experiencia sensorial y personal bla, bla, bla' que consiga que la gente siga soltando dinero del bolsillo cuando muchos comienzan a darse cuenta de que en realidad, es mucho lo que no se necesita y muchas razones por las que no gastar. Intuyo que la euforia navideña será la última inyección de optimismo contenido antes entrar en una oscura cuesta de enero que todo el mundo teme este año más que nunca y razón por la cual vamos a disfrutar del pavo por si en adelante no podemos comer más que sopita delante de la televisión. Happy Thanksgiving.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Otoño en Nueva York

Nueva York se ha despertado hoy mirando al invierno. Tras un benévolo y apacible otoño que más parecía una perezosa prolongación de los alegres días de sol y terrazas, esta mañana las miradas eras esquivas, los cuellos altos, las cabezas bajas y el paso eso sí, rápido como casi siempre. Las faldas más largas y los pañuelos al cuello. Ya no se veían las chanclas saltarinas en los pies de media ciudad y hemos pasado a un desfile de botas de caña, medias y altas, con tacones de nuevo a veces discretos, y otras imposibles. A algunos turistas el frío les ha sorprendido esta mañana saliendo del hotel con una simple chaqueta de entretiempo, o camiseta de manga larga. Caminaban con paso ligero por las calles en busca de la cafetería más cercana para sostener entre sus manos, que recogían tensas en sus bolsillos o entre sus brazos cruzados, un primer café posiblemente en vaso de cartón, antes de ponerse en marcha.

El otoño se ha instalado finalmente en la ciudad, pero ahora sólo con un resquicio de sol que recuerda a la estación anterior y un más que presente viento afilado en las esquinas que agudiza la sensación de frío y recuerda, de forma rotunda, que lo que vendrá a partir de ahora será un termómetro menguante según avancen los días.

Ante la amenaza de los rigores climáticos que son tan inherentes a esta ciudad como sus rascacielos, camino por la Cctava avenida hasta llegar cerca de Central Park. Sin traspasar la calle 59 que me haría desembocar en este oasis verde en medio de la ciudad, me quedo a las puertas planeando una nueva visita al Metropólitan en los próximos días para tras salir, dar un paseo por el parque a la busca y captura de la estampa de los árboles que poco a poco van mudando su vestido otoñal, por una apariencia más escueta pero no menos pintoresca.

Es otoño en Nueva York y por la noche estos días las luces que iluminan el Empire State Building son moradas y naranjas. Hablan sin articular palabra de uno de los días que se aproxima y que desde hace más de una semana, puebla las entradas de algunas casas de calabazas, espantapájaros, telarañas e incluso lápidas en el pequeño jardín de la puerta. Halloween se acerca, el frío se hace más presente, los árboles comienzan a perder las hojas y a la gente en los primeros días de cambio brusco de temperatura el caracter se le apena un poco. Las pastelerías venden 'pumpking pie' y ya muchos han comprado los billetes para volar el día de Acción de Gracias a reunirse con los suyos. Pero antes que ese día llegue, un nuevo presidente marcará no sólo los nuevos designios de un imperio que parece ultimamente se tambalea, sino las conversaciones de la cola de supermercado, del restaurante, de la peluquería o el salón de manicura... Las elecciones están a la vuelta de la esquina y según se aproximen, no importa si el frío quiere imponer su presencia cada día un poco más, el ambiente continúa caldeándose y las apuestas aún no se atreven predecir con claridad si el 'cambio' está por llegar y de qué mano vendrá.