miércoles, 4 de junio de 2008

De oasis y patrocinios

Subo el volumen de mi i-pod con la esperanza de ahogar los ruidos de la ciudad que no cesan sólo a unos pasos. He llegado hasta Bryan Park, un coqueto oasis verde abrazado por grandes y modernas torres de oficinas y unos cuantos señoriales edificios que nos regalan su oscura e irresistible belleza, como la fachada del Bryan Park Hotel. Cerrando el parque por el lado este, la Biblioteca Pública de Nueva York, a cuyos pies cada tarde hacen cola los aspirantes a ver y ser vistos en la terraza del glamour, donde cóckteles y tacones dibujan como en un cuadro puntillista, la estampa bulliciosa del bar de moda del momento.

Sin escatimar en medios, el parque ha sido sembrado con cientos de sillas y mesas que se reparten en los paseos laterales y en toda la explanada cuadrada de césped del interior. Aquí puedes descalzar tus pies y también tu imaginación. Es el lugar perfecto para perderse dentro de un libro o simplemente estar.

Muchos están y están solos, o mejor, acompañados por el mejor amigo del hombre moderno: el teléfono móvil de última generación. Muchos leen o divagan con la mirada perdida dando sorbos al café helado que compraron en el quiosco de la esquina o en algún Starbucks cercano. Otros están tumbados, recogiendo los últimos rayos de sol que pueden robarle al día después de abandonar la oficina. Hay quién muerde una manzana y quien apura las patatas fritas de su menú McDonnals mientras cotorrea y se ajusta sus gafas de sol inmensas. Tan inmensas como seguro son sus ganas de comerse la ciudad, de alcanzar sus metas, siempre elevadas a los veintitantos en una ciudad tan llena de oportunidades.

Junto a la calle 42 se ha abierto un área para el fomento de la lectura. Aquí sólo están permitidos libros y revistas. Prohibido fumar, comer, hablar por el móvil o las animadas charlas en grupo. Sólo la distensión que provoca la lectura está permitida en un espacio llamado ‘Reading Room’. Una habitación sin paredes pero con patrocinio. En las alas de las sombrillas sobre las apacibles mesas, ondean las siglas del banco HSBC.

Y es que aquí casi nada es porque sí, salvo que por que sí, cierro mi cuaderno y me dirijo a coger el autobús frente a Port Authority. Una buena excusa para otro relato, esta vez no exento de riesgo, a bordo de autobuses tercermundistas conducidos por camicaces legales. Hasta que algún día haya algo que lamentar, una cola de gente de vuelta a casa, cuenta los minutos que faltan para poder alcanzar la tranquilidad al otro lado del río.

1 comentario:

Byfronte dijo...

A mí también me encanta Bryant Park!!

De hecho suelo ir allí siempre que estoy en NYC a escuchar alguno de los conciertos de música gratis que organizan, sobre todo en verano. "Gratis". Curiosa palabra en una de ls ciudades más caras del mundo y sin duda la meca del consumismo.
¡Cuánto echo de menos NY!
Cuidate. (ByF)