
It's better dance! retumba la letra de una nueva canción. Tres palabras para alcanzar el éxtasis sobre patines. Ella, exhausta y sudorosa, casi en trance, encuentra de nuevo la energía para corear el estribillo levantando los brazos mientras entorna una sonrisa enorme, amplificada por el contraste entre su blanca dentadura y su piel, oscura y brillante con la luz de la caída de la tarde. La música redime de cualquier tensión y prepara mentalmente para comenzar la semana.
La chica negra de mediana edad, con camiseta verde y mallas oscuras, gafas de sol y energía para dar y tomar, es sólo un componente del grupo de patinadores que cada domingo aterriza en Central Park junto a Sheep Medow y se queda allí bailando sobre sus cuatro ruedas, girando y girando en la pista cual sufí moderno en la metrópoli de la locura. Una japonesa que recuerda a la Yoko Ono de otros tiempos, mucha gente de color, algunos latinos y unas cuantas pieles pálidas con cabellos rubios recogidos con pañuelos de colores o coletas despeinadas. Aquí el color de la piel o la edad no importan, sólo importa mover los pies hasta que el cuerpo aguante.
Los paseantes se paran y quedan embobados durante un buen rato, tomando fotos, asimilando el variopinto espectáculo. Mientras, sin querer, sus pies han comenzado a moverse. Algunos se unen al grupo, con o sin patines. Y es que todos quieren contagiarse del buen humor que se respira al otro lado del perímetro acordonado de la pista.
Mientras que observo pienso quién hay detrás de cada una de esas personas. Algunos casi seguro perdieron hace tiempo la cabeza, cosa nada extraña en esta ciudad. Otros se toman muy en serio la coreografía que practican con su compañera o compañero de patines y detrás de algún otro, imagino serios hombres de negocios, con una vida recta y adicta al trabajo, respetables mandos intermendios o altos cargos que llegan hasta aquí, se plantan un pañuelo de pirata en la cabeza, se colocan unas mallas ajenos a cualquier tipo de pudor, la primera camiseta que pillan y ala! a dejarse llevar por el ritmo despiadado de la música hasta caer exhaustos. Sin reparos, sin inhibición, sin recato de ningún tipo. Cuatro ruedas, muchos decibelios y un montón de gente actuando de forma arrebatadoramente natural. Cada uno es lo que siente en ese momento, sin importar quién deberá ser mañana, en la oficina, en el banco, en la mesa de reunión...
It's better to dance? No lo se, supongo que a veces es una buena alternativa. No se si alguna canción proclama con tanto entusiasmo algo como 'It's better to think!' pero es posible que esta opción no consiga con tanta facilidad dibujar las caras de satisfacción que se ven cada domingo en Central Park, allá donde la música se convierte en el espíritu redentor de algunos de los habitantes de esta ciudad.
La chica negra de mediana edad, con camiseta verde y mallas oscuras, gafas de sol y energía para dar y tomar, es sólo un componente del grupo de patinadores que cada domingo aterriza en Central Park junto a Sheep Medow y se queda allí bailando sobre sus cuatro ruedas, girando y girando en la pista cual sufí moderno en la metrópoli de la locura. Una japonesa que recuerda a la Yoko Ono de otros tiempos, mucha gente de color, algunos latinos y unas cuantas pieles pálidas con cabellos rubios recogidos con pañuelos de colores o coletas despeinadas. Aquí el color de la piel o la edad no importan, sólo importa mover los pies hasta que el cuerpo aguante.
Los paseantes se paran y quedan embobados durante un buen rato, tomando fotos, asimilando el variopinto espectáculo. Mientras, sin querer, sus pies han comenzado a moverse. Algunos se unen al grupo, con o sin patines. Y es que todos quieren contagiarse del buen humor que se respira al otro lado del perímetro acordonado de la pista.
Mientras que observo pienso quién hay detrás de cada una de esas personas. Algunos casi seguro perdieron hace tiempo la cabeza, cosa nada extraña en esta ciudad. Otros se toman muy en serio la coreografía que practican con su compañera o compañero de patines y detrás de algún otro, imagino serios hombres de negocios, con una vida recta y adicta al trabajo, respetables mandos intermendios o altos cargos que llegan hasta aquí, se plantan un pañuelo de pirata en la cabeza, se colocan unas mallas ajenos a cualquier tipo de pudor, la primera camiseta que pillan y ala! a dejarse llevar por el ritmo despiadado de la música hasta caer exhaustos. Sin reparos, sin inhibición, sin recato de ningún tipo. Cuatro ruedas, muchos decibelios y un montón de gente actuando de forma arrebatadoramente natural. Cada uno es lo que siente en ese momento, sin importar quién deberá ser mañana, en la oficina, en el banco, en la mesa de reunión...
It's better to dance? No lo se, supongo que a veces es una buena alternativa. No se si alguna canción proclama con tanto entusiasmo algo como 'It's better to think!' pero es posible que esta opción no consiga con tanta facilidad dibujar las caras de satisfacción que se ven cada domingo en Central Park, allá donde la música se convierte en el espíritu redentor de algunos de los habitantes de esta ciudad.


1 comentario:
Supongo que el baile hace olvidar por un tiempo lo que la vida te hace arrastrar. Salir de la rutina, ser lo que el resto del día no eres o simplemente descargar energía después de pasar el día con el culo frente al ordenador...
En septiembre lo veré...
Bss niña
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